La endodoncia es el tratamiento que elimina el nervio del diente y sus vasos sanguíneos cuando se han inflamado o infectado, ya sea por una caries profunda, un empaste antiguo dañado o un golpe. El objetivo es claro: salvar el diente y evitar su extracción.
La inflamación del nervio de un diente es muy dolorosa, por lo que en cuanto aparece la posibilidad, lo mejor es tratarla antes de que empeore. Si no se realiza la endodoncia, la infección sigue avanzando y, tarde o temprano, el diente acaba necesitando la extracción. Además de evitar perder la pieza, la endodoncia previene consecuencias como la halitosis, la movilidad de los dientes vecinos o tratamientos posteriores mucho más costosos.
Según el tipo de pieza, hablamos de endodoncia unirradicular, birradicular o multirradicular, dependiendo del número de raíces y conductos que tenga el diente. En la mayoría de los casos, el tratamiento se completa en una sola sesión, aunque en infecciones más avanzadas puede ser necesaria una segunda cita.
El dolor no siempre es el primer síntoma, por eso muchas veces la endodoncia se detecta en una revisión rutinaria. Estas son las señales más habituales que indican que puede ser necesaria.
Un dolor agudo al morder, o una sensibilidad exagerada al frío o al calor que persiste después de retirar el estímulo, suele indicar que el nervio del diente está afectado.
Cuando el dolor aparece sin motivo aparente o se intensifica al tumbarte, es habitual que se deba a una inflamación avanzada de la pulpa dental.
Un cambio de color en el diente o la aparición de un pequeño bulto en la encía cercana pueden ser señales de que la infección ya ha llegado a la raíz.
Cuando una caries alcanza el nervio del diente, o un empaste antiguo se ha filtrado y ha dejado entrar bacterias, la endodoncia es el tratamiento indicado para salvar la pieza.
No hay mejor implante que tu propia raíz. Por eso, siempre que es posible, priorizamos la endodoncia como la opción que te permite conservar tu diente natural, con todas sus ventajas funcionales y estéticas. Cuando la infección es muy severa o la anatomía de los conductos es especialmente compleja, la endodoncia puede convertirse en la última oportunidad para salvar el diente antes de una extracción.
El tratamiento se realiza bajo anestesia local, por lo que no es doloroso; lo que más notarás es que la cita suele durar algo más de lo habitual. Trabajamos siguiendo tres fases: apertura de la corona, limpieza y desinfección de los conductos con instrumentos muy finos, y obturación final con un material que sella el conducto e impide que las bacterias vuelvan a entrar.
La evidencia científica actual respalda este tratamiento: los estudios sitúan su tasa de éxito por encima del 90%, y con una buena restauración posterior y revisiones periódicas, un diente tratado con endodoncia puede mantenerse funcional durante muchos años. La primera visita es gratuita e incluye una valoración y un diagnóstico completos.
Confirmamos que el nervio del diente está afectado, normalmente con ayuda de una radiografía, y anestesiamos la zona para que el tratamiento no resulte doloroso.
Realizamos una pequeña apertura en la parte superior del diente para acceder a la cámara pulpar y a los conductos radiculares.
Retiramos la pulpa dañada de la cámara y de los conductos con instrumentos muy finos, llamados limas, limpiando y preparando el interior del diente para el sellado.
Cuando los conductos están completamente limpios y libres de infección, los rellenamos y sellamos con un material que impide que las bacterias vuelvan a entrar.
Completamos el tratamiento con un empaste o, en molares y premolares, con una corona que protege el diente frente a fracturas y le devuelve su funcionalidad completa.
En la mayoría de los casos, sí. Aunque no hay mejor implante que la propia raíz, cuando la infección es muy severa o la anatomía de los conductos es muy compleja, existe la posibilidad de que el tratamiento no sea suficiente y finalmente sea necesaria la extracción. Aun así, siempre es la primera opción que valoramos.
No. Se realiza bajo anestesia local, por lo que no debería resultar doloroso. Lo más molesto suele ser la duración de la cita, que es algo más larga de lo habitual en otros tratamientos.
En la mayoría de los casos, con una sola cita es suficiente. En ocasiones, cuando la infección está más avanzada, pueden ser necesarias dos o más citas, según lo que valore el especialista.
Con una buena restauración posterior y revisiones periódicas, un diente tratado con endodoncia puede mantenerse funcional durante muchos años, incluso toda la vida. La clave está en proteger el diente con una corona cuando es necesario y mantener una buena higiene.
Depende del diente. Los molares y premolares suelen necesitar una corona para protegerlos de fracturas, ya que quedan más debilitados tras el tratamiento. Los dientes anteriores, si conservan suficiente estructura sana, pueden no necesitarla.
La infección sigue avanzando y el dolor puede empeorar. Con el tiempo, el diente acaba necesitando la extracción, un tratamiento más invasivo que además requiere reponer la pieza perdida con un implante, un puente o una prótesis.